Este artículo lo escribió originalmente JAVI STONE para el blog colectivo EL LOCO MUNDO DE LOS JÓVENES. Carnivale es una de las series definitivas, yo siempre he querido escribir algo de ella pero no creo que lo hubiera hecho mejor. Que lo disfruteís.

Es evidente que asistimos a un
imparable retroceso del cine americano. Un nivel que baja hasta niveles
ridículos, con revisiones de clásicos y de no tan clásicos. Copias absurdas
fotograma a fotograma. Precuelas y secuelas imposibles,… Todo esto no hace sino
mostrar con descarnada crudeza que en las laderas de Hollywood las ideas son un
bien escaso, y que la industria cinematográfica, autocomplaciente como pocas,
se ve sin posibilidad de reacción, sin capacidad de iniciar la búsqueda de
nuevas propuestas, de asumir riesgos.
Y, mientras el cine pierde fuerza, comprobamos como la televisión ha venido
ocupando en cierto sentido ese lugar que el séptimo arte ha dejado vacío. La
necesidad de desarrollar propuestas distintas a los patrones establecidos en
Hollywood de creativos, directores o guionistas les ha llevado a buscar un
hueco en los canales televisivos, donde disponen de más libertad, y en cuyo
formato parecen encontrarse más cómodos, sin las cortapisas propias de las
grandes distribuidoras cinematográficas. El resultado no puede ser más
brillante.
Históricamente las series han sido divertimentos más o menos afortunados, que,
atrapados por la dictadura de los niveles de audiencia aparecían y desaparecían
sin aviso; producciones de escaso presupuesto con guiones y efectos más propios
de la serie B (el Superhéroe americano); actores de tercera e historias
infumables que los acercaban mas de lo deseable a las terroríficas telenovelas
latinoamericanas (Falcon Crest, Dallas, Norte y Sur…), producciones con un
insuperable encanto kitch (el Coche fantástico, el Equipo A, Starky y Hutch,
Orzowei, Galáctica),… Ciertamente pocas series que no fuesen comedias habían
conseguido un nivel comparable a las grandes producciones cinematográficas.
Quizá Twin Peaks, The Twilight zone, Doctor en Alaska… Mención aparte se
merecen los Simpsons, sin duda el mejor programa de la
historia y que lleva quince años en antena, aunque supongo que no es comparable
al tratarse de una serie de animación (si bien está claro que Homer está más
presente en la vida de muchos de nosotros que mucha gente de carne y hueso que
nos rodea).
Todo esto ha cambiado. Las cadenas de televisión decidieron dar un considerable
salto cualitativo en sus propuestas. HBO, WB,
NBC,… han apostado fuerte y definitivamente han ganado.
¿Cuántos de nosotros no nos hemos enganchado con alguna de estas series estos
últimos años? ¿Cuántos no nos hemos quedado prendado de Lorelai
y Rory Gilmore? ¿Quién no se ha quedado perplejo con cada
nuevo giro de guión de Perdidos? ¿A qué hora nos hemos
acostado viendo capítulos y capítulos de los mafiosos de New Jersey? ¿Quién no
ha visto varias veces los episodios de Seis metros bajo tierra? ¿Se puede
mejorar el reparto de actrices de Mujeres desesperadas? ¿Quién
no querría tener a Kirk como vecino en Stars Hollow o
estrangular a Taylor?
Parándose a pensar en qué tienen en común series tan diferentes entre sí,
llegaríamos a la conclusión de que muchas giran en historias desarrolladas
desde enfoques distintos a los habituales (Seis metros bajo tierra, Chicas
Gilmore, House …), que cuentan con guiones sólidos (Perdidos, Mujeres
desesperadas, Invasión,..), que se sostienen sobre extraordinarias
interpretaciones de fantásticos actores (James Gandolfini, Clancy Brown, Lauren
Graham, Edward Herrmann, James Caan…) y sobre ambientaciones sobrecogedoras (la
isla de Perdidos, los desiertos de Carnivale, el Montecito de las Vegas…), …
¿Por donde comenzar? En el primer lugar de la lista estarían por méritos
propios Los Soprano, una majestuosa recreación actual del
mundo de la mafia ítaloamericana, alejada de los fastos de mafiosos de New
York, las Vegas, o Chicago. Aquí estamos hablando DEL capo de New Jersey, el
enorme Anthony Soprano, más conocido como Tony (“To” o
directamente “T”), unos 200 kilos de clase, mala leche y problemas psicológicos
directamente provocados por su peculiar trabajo, su madre y su tío Junior.
Supongo que la mayoría ya se habrá empapado de todas sus temporadas (la sexta,
aún por estrenar en España, es la definitiva, para nuestra desgracia), así que
sabréis de lo que hablo cuando puedo asegurar que Los Soprano es lo más grande
que nos ha proporcionado la televisión desde que Orzowei colgó el arco.
Así, con los Soprano, o quizá gracias a ella, apareció esta nueva generación de
series que nos ha “obligado” literalmente a pasar horas y horas delante de la
pantalla. “Seis metros bajo tierra”, “Las chicas Gilmore”, “Perdidos”,
“Invasion”, “Alias”,”Mujeres desesperadas”,”House” “Roma”, “Las Vegas”… dejan
en muy mal lugar otras series anteriores como Sexo en Nueva York, Urgencias
(por dios, el doctor House es mucho más interesante que el sosísimo de Clooney)
o Ally McBeal (¿qué puede hacer la escuálida Calista Flockhart al lado de Eva
Longoria ó Lauren Graham? ¡Absolutamente nada!), que presuntamente
representaban la vanguardia en cuanto a propuestas televisivas se refiere.
Sin embargo, en esta ocasión no hablaremos de ninguna de ellas, todas
estrenadas en España y con suficiente difusión a través de canales públicos o
del canal Fox (we’re not worth it, we’re not worth it…).
Sin mayor dilación, con ustedes… Carnivale!

Bien, para lo que nunca hayan oído hablar de Carnivale, comentar que era una
serie de la exitosa cadena HBO, responsable de Los Soprano o Seis metros bajo tierra.
Y digo era por que HBO anunció recién finalizada la segunda temporada que la
serie se daba por concluida debido a motivos de rentabilidad. Parece ser que
los niveles de audiencia alcanzados no podían sostener unos costes tan altos,
debido a que, entre otras cosas, la acción se desarrolla casi enteramente en
exteriores, y desde luego, viendo la calidad de facturación de la serie se hace
evidente que no debía ser barata. Claro que, lo que los ávidos directivos de
HBO no podían sospechar, era que habían creado un monstruo con vida propia.
Sucedió que al momento de anunciar su cancelación, cientos de miles de
enfermizos fans de Carnivale, furiosos y desquiciados bloquearon los buzones de
correo electrónico y saturaron las líneas de teléfono de las oficinas de HBO
reclamando un final para la serie, ya que la segunda temporada aún dejaba cabos
sueltos, algo así como seguir sin saber quién demonios mató a Laura Palmer.
Para comenzar, Carnivale se desarrolla en el sur de los Estados Unidos en el
año de nuestro señor de 1934, justo después del gran desplome
de la bolsa norteamericana en el 29, crack bursátil que condenó a la más
extrema pobreza a millones de ciudadanos, abocándolos directamente a la muerte
por inanición, enfermedad o simplemente a la locura y la esquizofrenia que
produce haber perdido todo en cuestión de minutos. Las habituales imágenes que
vemos de aquella época de familias enteras tiradas en el camino, harapientos
padres de familia enterrando sus recién nacidos, fábricas funcionando a duras penas
en condiciones infrahumanas, sustentadas por el trabajo de escuálidos niños,…
El gran sueño americano a principios del siglo pasado.
Antes del principio, después de la Gran Guerra entre el Cielo y el
Infierno...
...Dios creó la Tierra...
...y dio dominio sobre ella al habilidoso mono al que llamó Hombre.
Y en cada generación nació una criatura de luz...
...y una criatura de oscuridad.
Y grandes ejércitos se enfrentaron de noche en la antigua guerra...
...entre el Bien y el Mal.
La magia existía entonces, la nobleza...
...y una crueldad inimaginable.
Y así fue hasta el día en que un falso sol explotó sobre Trinidad...
...y el Hombre cambió para siempre la maravilla...
Evangelio según San Mateo.
En este ambiente de incertidumbre y desesperación que hemos descrito, un circo
ambulante se mueve de pueblo en pueblo a través de los desérticos parajes del
sur americano, tratando de limpiarles unos pocos dólares a los habitantes de
los poblados que se encuentran en su camino. Y en ese errático caminar que los
dirige, se tropiezan con un extraño y confuso joven, Ben Hawkins
(Nick Stahl), que en cuya granja en mitad de ninguna parte trata de enterrar a
su madre, una mujer cuyo fanatismo religioso y salud mental le hizo rechazarle
afectiva y físicamente hasta el final de sus días. Y si bien algunos de los
componentes de la caravana pretenden abandonar al joven a su suerte,
inconsciente, famélico, sucio y encadenado, el jefe de la caravana, un
particular hombrecito de medio metro, Samson (Michael J.
Anderson), decide acogerlo bajo la misteriosa premisa de la dirección del
circo, “management”, del que sólo se intuye una ronca voz
detrás de una cortina roja en el interior de un tenebroso carro. A partir de
ese momento, Hawkins entra a formar parte de Carnivale, lo cual responde a un
cuidado plan trazado por el misterioso “management”.
Al mismo tiempo, se nos aparece la figura de un sacerdote metodista, el
hermano Justin, un tipo de aspecto intimidatorio que pese a su
alzacuello y su sonrisa beatífica, desde el primer instante te infunde poco
menos que un respeto inquietante que linda con el miedo. Justin, junto a su
inseparable hermana, la no menos turbadora Iris, andan
tratando de difundir la palabra del señor entre las clases más desfavorecidas.
Sin embargo, los métodos del bueno del hermano Justin no son digamos,
convencionales. En el primer episodio consigue hacer que una pobre mujer sucia
y desquiciada reconozca en su propia parroquia los robos que ha venido
realizando del cepillo de la iglesia. En realidad no le convence a ella, si no
a su estómago, dando como resultado una secuencia que te descoloca por
completo, en un ambiente austero, gris y asfixiante. Cosas del entrañable
hermano Justin. Y si el joven Hawkins entra a formar parte de la gran familia
circense ambulante con un extraño halo de secretismo en su mirada,
paralelamente el hermano Justin desarrolla una extraña e íntima fijación en la
creación de una iglesia para disfrute propio y de sus peculiares feligreses.
¿Y qué tienen en común estos dos personajes? Aparentemente nada en absoluto.
Tan sólo la pequeña circunstancia de que sus sueños coinciden, y en estos
aparecen las mismas inquietantes imágenes: secuencias sin sentido de guerras
europeas, lobos atacando en trincheras, espectros con árboles tatuados en el
torso, miembros cercenados,… Y a la vez, en que ambos se saben poseedores de
extrañas capacidades y piezas fundamentales de un juego que les supera
irremediablemente, un juego más antiguo que el propio mundo.
Y si el hermano Justin y Ben Hawkins acaparan un justificado protagonismo en
las dos temporadas, no podemos desmerecer al resto de personajes que pululan
por los polvorientos paisajes de Carnivale, y que esconden turbulentas
personalidades e impecables interpretaciones, desde el pequeño Samson,
que vigila y escruta todo lo que sucede a su alrededor y que sirve como
portavoz de las directrices del invisible “management”; Sofie,
la joven echadora de cartas que se comunica con su madre, Apollonia,
postrada desde hace años sin siquiera pestañear pero cuya presencia inquieta a
todo quien se la acerca; Iris, una hermana fanática de dios y
de su hermano, capaz de asesinar por la obra divina de Justin; la calentorra Rita
Sue y su peculiar familia, el entrañable Stumpy y la
inquieta (y no menos calentorra que su madre!) Libby; el
cabronazo de Lodz, ciego que ve el más allá, y su compañera
Lila, la mujer barbuda,… Desde luego, una galería de personajes desconcertante.

Para terminar, no podemos dejar de hablar de Carnivale sin citar sus dos
influencias más evidentes: David Lynch y “Freaks”, de
Todd Browning. Está claro que la serie bebe directamente de la
iconografía de Lynch, sus ambientaciones retorcidas y asfixiantes, inquietantes
recreaciones de épocas y de personajes retorcidos,... Pero si es deudora de la
obra del director norteamericano, no lo es menos de la película “Freaks”, de
Todd Browning, esa maravillosa paradoja sobre la belleza y la fealdad del ser
humano que tan bien supo reflejar Browning en su película, ambientada
“casualmente” en la misma época y el mismo ambiente que nuestra serie de freaks
favorita.
Carnivale, en definitiva… una obra maestra.
